31 octubre, 2011
Ganas de qué? de mirarte. No, en realidad de que me mires y yo te mire. De que me mires como antes, como siempre lo habías hecho pero ya no lo haces. De mirarte y no tener que correrte la mirada. Ganas de sentirme como me sentía cuando me mirabas.
Ganas de pensarte. Ganas de saber que me piensas. Ganas de pensarte sin sentirme triste y tonta. Ganas de sonreírme con una expectativa, con un pensamiento, con un recuerdo que realmente huele a recuerdo y nostalgia, y no a melancolía.
Ganas de sentir que las cosas van a estar bien, que esta bien saber pero no saber. Ganas de acomodarme a la incertidumbre del ahora y de todo lo que viene después.
Ganas de ganar. O de no ganar sin sentir que perdí.
Ganas de que me importe algo más.
Ganas de sentirme plena, incluso con esto.
Ganas de chocar contra el fuego como mariposa, aunque sea por un rato.
02 octubre, 2011
Lo pienso y lo vuelvo a pensar
Lo pienso y lo vuelvo a pensar. Pasan unas horas o unos días, pero lo pienso otra vez. Y así y todo, aún no sé qué hacer. ¡Qué desastre!
¿En qué momento llegamos tan rápido a la edad de las decisiones decisivas? ¿Cuándo es que las cosas empezaron a tener que pensarse según lo que pueda suceder después? ¡Qué agotador!
Así es como a veces dan ganas de que el cielo se abriera y bajara la respuesta solita. Si fuera así, todo sería más simple. No tendría que seguir pensado respecto a esto, no tendría que seguir dudando, no tendría que seguir contra el tiempo. Simplemente tendría que hacerlo. O que no hacerlo, así de simple. ¿El problema? Si fuera así, y después me diera cuenta que no era la decisión correcta, solo podría culpar al cielo... qué etéreo... creo que esa culpabilización no serviría de mucho. Quizás me volvería menos creyente. Aunque comparada con las historias de las series de por qué la gente se enoja con Dios, la mía sería harto menos dramática.
Pero el cielo no se abre. Hay algunas cosas que comienzan a delinearse, pero no más que eso. Y el tiempo se acaba, ¿qué hacer?
Dejar de temer
Claro, como si eso fuera tan fácil.
20 marzo, 2011
La moneda cayó... las nubes se van.
La vida nos deja marcas, marcas obvias y otras no tanto. Nos deja huellas que nos cambian, que nos hacen pensar, vivir y sentir distinto. Si no fuera así, todos los pololeos serían como el primero, mamón, dulce, tierno y soñador, sin cuidado acerca de lo que se entrega. Si no fuera así, todas las amistades terminarían porque nos gusta el mismo niño del kínder o porque su muñeca es más bonita que la mía.
Quizás sirva para aprender, quizás sirva para vivir. A estas alturas, no estoy muy segura del para qué. Quizás nunca lo sepa con certeza. No creo que saber el para qué hiciera una gran diferencia. O quizás sí.
Por ahora, solo sé que la moneda cayó, y creo que no es necesario decir para que lado. Las últimas semanas han mostrado suficiente, ojalá se quedaran en eso, no quiero saber más.
Las nubes se van, siempre se van, con o sin tequila o cerveza o vodka o pisco. Menos ron, el ron me hace mal. Ahora a esperar a que el sol regrese, pero de verdad. Por lo menos, a ratos pareciera que se asoma.
24 febrero, 2011
Adiós
La incertidumbre nos preocupa. Es una de esas sensaciones difíciles de explicar, pero que todos conocemos, y que a menos que tengamos certeza de que terminará bien, no nos agrada mucho.
Quizás es por eso que los adióses nos son tan problemáticos, porque querámoslo o no, implican una cierta incertidumbre. Por mucho que uno lo intente, no depende solo de uno el decirle adiós a alguien, depende de ese alguien, pero también de las circunstancias. No es como que yo haya querido que mi primer ex pololo entrara a estudiar a San Joaquín y tomará mi misma micro.
El adiós tiene esa incertidumbre del qué pensará el otro, del si alguna vez se volverán a ver, del qué hacer si eso sucede. Y creo que es de esa incertidumbre no tan buena, porque o sino no habría habido un adiós en primer lugar.
Cerati dice que decir adiós es crecer. Quizás tenga razón. Quizás no, quizás en algunos casos sea arrancar, sea una negación motora. Pero no siempre es así, y me niego a considerar que sea solo una o la otra, me niego a no pensar que a veces simplemente sea que el encuentro fue en la vuelta equivocada.
De todas formas, creo que el adiós no se hace más fácil con los años o la experiencia; puede que lo haga más fácil la interpretación que le entreguemos, pero al final del día, lo que más recordamos es que salió de nuestra boca ese adiós que costó tanto decir y no se puede borrar.
04 febrero, 2011
De un momento a otro, mi cabeza y mi cuerpo tomaron esa sensación de entre anestesia, ligereza y pesadez que entrega el alcohol. Me puse a pensar leseras, en cómo las lais mantenían su pelo desenredado, porque el mío es igual de liso pero se enreda harto, de puro caminar. En que no había ningún local con nombre de puerto, a pesar de que estábamos al frente del puerto. Y así y todo, por primera vez en una buena cantidad de días, no temí por el evento sísmico grado ocho.
Comprendí a cabalidad porqué la gente toma cuando está triste, en esa sensación de globo aerostático (asumiendo que así se sienten los globos aerostáticos, claro) es difícil sentirse mal, pero se siente venir la verborrea, y ahí entendí también porqué a la gente le da por hablar de sus penas cuando toma a causa de las mismas, y no hablan sobrios.
Prendí otro cigarro, este se sentía más divertido que los anteriores. Fumaba y exhalaba el humo hacia el cielo estrellado y poco frío a esas alturas de la Caipiroska, mientras de a poco empecé a darme cuenta que conocía la canción que tocaba la banda, esa misma que tenía un guitarrista que era como Nemo para tocar. Era Marc Anthony, y eso hizo más difícil no recordarlo.
Una piteada más, y escuchaba que valió la pena. Claro que sí, pero sería más choro sentirse mejor.
03 diciembre, 2010
Sonrisas de ayer
Me río sola.
Me encuentro contándole esas cosas que en realidad ya no importan, son solo recuerdos de esa niña tan lejana y dulce, que se impresionaba con todo, que creía en todo.
Hacía tiempo que no recordaba esas cosas, el patio y el tronquito en el que la Paulina, a quien para mi inexplicablemente la mamá le decía Poly (lo que además siempre asocie a los canarios de los monitos), me contaba de sus dramas amorosos. Porque obvio que ella tenía dramas con niños en segundo básico.
Los ensayos de una resbalosa que no recuerdo haber bailado, pero que todas tomábamos muy en serio, o la tonada que bailamos para Septiembre (El Tornado, que después más grande también alguna vez tuve que bailar, cantar o algo así en el colegio) y a la que me fue a ver mucha gente de mi familia. Los recreos doblando hojitas de palmera que robábamos del patio, en realidad la sacábamos a pesar de que nos decían que no porque cada recreo teníamos más pelada a la pobre palmera, que como estaba en el patio, era notoria.
O cuando la Heidi, la hermana de la Coni, había pisado un clavo, y con la Coni tratábamos de espiar desde afuera de la enfermería, a ver si estaba bien, porque nosotras imaginábamos que casi se le iba a caer el pie.
Cuando uno piensa en esa época, a estas alturas, quizás es mejor pensar en lo bueno, en lo que nos hace reír y preguntarnos dónde estarán todas esas niñas peinaditas, gritonas y locas, en qué adultas se habrán convertido; en lugar de indagar en explicaciones de lo dañados que estamos hoy, es mejor volver atrás y disfrutar, sonriendo como lo hacíamos ayer.
Me encuentro contándole esas cosas que en realidad ya no importan, son solo recuerdos de esa niña tan lejana y dulce, que se impresionaba con todo, que creía en todo.
Hacía tiempo que no recordaba esas cosas, el patio y el tronquito en el que la Paulina, a quien para mi inexplicablemente la mamá le decía Poly (lo que además siempre asocie a los canarios de los monitos), me contaba de sus dramas amorosos. Porque obvio que ella tenía dramas con niños en segundo básico.
Los ensayos de una resbalosa que no recuerdo haber bailado, pero que todas tomábamos muy en serio, o la tonada que bailamos para Septiembre (El Tornado, que después más grande también alguna vez tuve que bailar, cantar o algo así en el colegio) y a la que me fue a ver mucha gente de mi familia. Los recreos doblando hojitas de palmera que robábamos del patio, en realidad la sacábamos a pesar de que nos decían que no porque cada recreo teníamos más pelada a la pobre palmera, que como estaba en el patio, era notoria.
O cuando la Heidi, la hermana de la Coni, había pisado un clavo, y con la Coni tratábamos de espiar desde afuera de la enfermería, a ver si estaba bien, porque nosotras imaginábamos que casi se le iba a caer el pie.
Cuando uno piensa en esa época, a estas alturas, quizás es mejor pensar en lo bueno, en lo que nos hace reír y preguntarnos dónde estarán todas esas niñas peinaditas, gritonas y locas, en qué adultas se habrán convertido; en lugar de indagar en explicaciones de lo dañados que estamos hoy, es mejor volver atrás y disfrutar, sonriendo como lo hacíamos ayer.
20 octubre, 2010
Estoy frustrada, sé que es algo estúpido pero lo estoy igual.
De un tiempo a esta parte, poco tiempo, pero igual, me apague. No sabría explicarlo de otra forma, solo siento que me apague.
Ya no tengo ganas de hacer las cosas, no todas las cosas, pero si varias. Quizás demasiadas.
El punto es que aún no había llegado a un punto que duele, que es un poco esa percepción de autoeficacia que se tiene cuando uno se enfrenta ante algo en lo que se es bueno, o de una, mejor que el resto, o cuando es algo que en sí no es difícil. El punto es que hoy se volvió difícil. Y es algo tonto, no lo niego, pero eso no me hace sentir mejor tampoco, al contrario, me hace ver las estupideces que me hacen sentir mal a veces.
Esta vez no hay algo mayor que decir, no hay algo más profundo que comentar ni generalizar a la vida. Solo me frustré y no sé qué más hacer
