Mirando el cielo...

24 octubre, 2009

Lo indecible

Hay cosas un poco indecibles. Siempre las hay y no digan que no es cierto. ¿Cómo se las vuelve decibles?
O cuando uno sabe que hay algo que decir pero no sabe apuntar exactamente qué es eso que hay que decir ni cómo decirlo.
Quizás el lenguaje aparece demasiado pronto en el desarrollo y nos afrontamos a él muy poco preparados, y terminamos pensando no tanto el qué decir sino el cómo, nos dimos cuenta eventualmente que la forma si cambia las cosas y vuelve decible incluso lo indecible.

09 octubre, 2009

El viejecillo de la ventana

Pasó hace un par de semanas. Otra vez había un papel blanco en la reja de mi vecina avisando que otro viejecillo del barrio había pasado al otro lado; usualmente los leo para saber la dirección y así reconocer quienes eran, porque nunca me sé sus nombres. Pero esta vez se notó solo al pasar por fuera de su casa, que ese día estaba llena pero silenciosa.
Era el viejecillo del principio de la calle, ese que siempre miraba por la ventana en invierno y a veces se paraba en la puerta en el verano. No me di cuenta que lo iba a extrañar.
Soy miedosa para algunas cosas y una de ellas, es llegar tarde a mi casa, no tanto por el camino sino por la caminada desde el paradero a mi casa. Acá no hay mucha gente en la calle después de las nueve, pero cada vez que llegaba tarde y caminaba lo más rápido que podía hacia mi casa, siempre estaba el caballero mirando por su ventana y me veía pasar, por ridículo que suene, me daba confianza al pensar que si algo me pasaba dos metros más allá, por lo menos él vio que pasé o escucho algo raro después de que yo había pasado. De cierta forma daba la ilusión de que la calle no estaba tan sola.
Hace días que paso por ahí y ya nadie me mira a través del cristal. Ayer vi a quien presumo es ahora su viuda, una señora pequeñita y flaca, de esas viejecillas que da la impresión que con un poco de viento se caen, y me lo recordó. Me recordó que echo de menos al viejecillo de la ventana.

Es impresionante como las cosas con el tiempo dejan de importar
Como qué cosas?
No sé, nosotros
A qué te refieres?
A que con el tiempo ya todo se vuelve costumbre
Para bien o para mal?
Ya ni siquiera eso importa

12 septiembre, 2009

Para variar, todo parte con una canción. Esta vez es una de The Fray, no especificaré como llegué a esa banda, digamos que eso dio para una entrada hace alrededor de un año... pero bueno, parte diciendo "there are certain people that you keep coming back to", y es cierto.
Hay gente en la vida a la que siempre se vuelve, aunque no se quiera, o no habrían tantas canciones acerca de eso. El punto es por un lado qué es lo que nos hace volver, a pesar de decir que no queremos, y en qué momento, si es que sucede, ese no, se vuelve real y se traspasa a nuestras acciones.


A veces el alejarse de alguien a quien se quiere es necesario, quizás nos hacia mal seguir ahí, quizás necesitábamos conocer algo más allá o quizás simple y llanamente, ya no nos querían ahí, porque que no te quieran no hace que tu dejes de querer, eso lo sabe cualquiera a quien le hayan dicho que no. Pero uno vuelve, no siempre, pero si muchas veces... en ocasiones, demasiadas veces.
Quizás volver a esa persona nos resulta seguro, después de todo es algo conocido, algo que suena tan bien cuando se teme a lo desconocido y eso nos hace sentir más solos aún; con esa persona ya sabemos a lo que vamos, ya sabemos leer no solo sus palabras, sino que también sus gestos y miradas, y eso nos hace sentir más cómodos que con alguien a quien hay que empezar a conocer lentamente, esa etapa que es más cansadora, y que implica un trabajo que no siempre estamos seguros de querer hacer.


¿El problema? olvidamos que por algo esa persona no es una constante y eventualmente despertamos -o nos hacen despertar- de ese pseudo sueño y volvemos al mundo real, ese en el que no nos hace bien seguir ahí, en el que buscar lo conocido nos detiene, y peor que eso, nos hace daño. Tratar de buscar la ilusión y el amor que alguna vez fue incondicional solo lleva a ver que se ha perdido, que el tiempo, tal como dicen por ahí, no hace amigos y no queda nada más que las ganas, las que en algún momento, se enfrían.

Pero, para esperanza de todos, de poder salir del círculo vicioso, se puede, pero es difícil. Es tanto más fácil culpar a esa persona de que las cosas no nos resulten o de que no podamos salir adelante, pero en el fondo, en ese fondo que nos carga ver porque nos dice la verdad que no queremos enfrentar, sabemos que nosotros somos los memos que volvemos, pudiendo decir no. Y en pos del amor propio, ese que está tan golpeado a estas alturas del juego, resucita, algo ocurre que lo revive y nos hace abrir los ojos al daño que nos estamos haciendo, a todo lo que estamos dejando pasar en la vida por seguir ahí, disponible como siempre, rogando como siempre.
De alguna manera, nos resistimos, como tantas otras veces, pero esta vez es diferente, porque o hay algo que nos hace resistir más o por una vez, hacemos que la cabeza sea más fuerte y no nos dejamos arrastrar por la corriente. Y así, de pronto, nos volvimos más sanos y más fuertes, porque esta vez, pusimos decir que no.

30 agosto, 2009

Adelante

Las cosas han cambiado. Así de simple.
Cuando todo esto empezó, creo que era distinta de la que soy ahora, creo de hecho que si uno se da la lata de leer desde el principio, se ve como las cosas han cambiado.
Cuando todo esto empezó, nunca me preocupé de pensar en algo más, creo que en el fondo sabía que no había algo más, pero en el momento solo preferí no pensar en más adelante. Y así fue, no lo hubo. Con decir todas esas cosas que no me había dejado pensar, choqué con el límite de ese presente para abandonar esos planes de no-futuro.

Ahora las cosas no son así. Ahora es inevitable mirar hacia adelante porque se siente que sí hay un adelante, que las cosas no quedan aquí, y con ese adelante viene de acompañante algo que nunca me había planteado. El miedo.

Según humanista, soy un 6, obvio que tengo miedo. Pero es difícil cuando se sabe que con una palabra las cosas pueden volverse tan frágiles como el cristal y comenzar a alejarse hasta desaparecer por completo.

La gracia de esto? él me hace no temer, me hace sentir que no tengo porqué y eso hace que solo quiera mirar hacia adelante.

05 marzo, 2009

La odiaba. Bueno, quizás usar el verbo odiar era un poco fuerte, quizás exagerado, pero de cualquier forma sabía que no la soportaba. Estaba cansada de luchar contra un fantasma que no le peleaba de vuelta, uno que existía solo porque ella le había dado lugar a su existencia.
Era culpa de ella misma, por ser tan insegura, por tener tantas ganas de que las cosas duraran para siempre, por no querer que con ella se repitiera la misma historia.
La odiaba, la verdad no sabía que haría si es que la volviera a ver, probablemente nada, porque bueno, la verdad, nunca hacia algo. A veces se sentaba a pensar él porqué de ese sentimiento hacia ella. Quizás porque le representaba todo aquello que le gustaría ser para él, eso que ya nunca podría serlo. Ella fue la primera a la que miró de esa manera, a la que abrazó así y a la que recorrió con sus manos como lo hacia con ella ahora. Pensar todas esas cosas solo le hacia daño a ella misma, pero a veces no podía evitarlo, no sabía cómo llegaba a ese lugar, ese que luego la llenaba de temores que no podía hacer desaparecer fácilmente. La mataba saber eso, la mataba pensar eso, pero no quería perderlo, no como ella pudo porque al final del día, siempre se daba cuenta que el mundo sin él no era un lugar feliz.
Quizás si la viera otra vez sería diferente, quizás ahora sí que le demostraría como se sentía. Quizás presumiría que ella es la que está con él ahora, quizás le diría pesadeces, o en el caso más lejano la golpearía con todas esas ganas poco de señorita que tenía de hacerlo. No, no la golpearía, a pesar de que las ganas no faltasen.
Sabía que con el tiempo debería superarlo, puesto que en algún momento, más temprano que tarde, él se daría cuenta, la conocía demasiado bien como para que ese odio pasara desapercibido; y ese odio en la línea de lo enfermizo podía hacer que el peor de sus miedos se materializara.

01 marzo, 2009

Yo también

Esperaba que le dijera lo mismo de vuelta, siempre esperaba eso.
Pero esta vez no sucedió, no era la primera vez, pero ahora la hacia temer. Sus miedos e inseguridades de niña inexperta que ya no pensaba en ningún escenario dar pie atrás volvieron solo con que él no respondiera un yo también.
Debía aprender, crecer de una vez por todas y no necesitar decir a cada rato lo que podía demostrar, aunque no estuviera segura aún de cómo lograrlo. Debía confiar más en ella y en que él no se iría, que él la conocía y la quería así.
Quizás él lo sentía pero no veía razón de decírselo. Esperó que así fuera.

22 noviembre, 2008

No se me había ocurrido que las cosas quizás resultarían así. Como que el sentido común indicaba que el orden de los factores sería otro porque en este caso específico si que alteran el producto. Como que a pesar de todo y de que yo ya debería estar en otra y ser más happy, no es el caso y sé que quizás él me está estancando en esto y obvio que no puedo decirle que patéticamente él aún es el único que me mueve el piso. Debería tomar distancia, es lo más lógico y probablemente lo más sano, pero a pesar del hoyo en la guata que me provoca no sé si sea capaz de hacerlo, la vocación de mártir que decía la Miri no se compara a esto, porque esto ya paso a ser tarada, de una, sin excusas. Si ya me desespera un poco cuando habla de la Nicole, no sé que haré cuando me diga que le gusta otra.