Día de otoño
Las hojas del otoño caían sin más remedio. Le encantaba esa época del año, las caminatas por el parque con el abrigo largo, el día nublado y las hojas crujientes eran sus predilectas.Hoy el día estaba perfectamente otoñal, perfecto para una de esas caminatas.
Tomó su abrigo, su bufanda, su bastón y el sombrero; caminó por el parque lentamente, nada le apuraba, podía pasarse el día completo en esto. Se sentó en una banca de la plaza y comenzó a observar a su alrededor. "Quizás hoy sí" pensó un momento, era su esperanza, que hoy sí, que hoy ella volvería.
Diez añós pasaban ya desde la última vez, esa vez en que sintió como un pedazo de su corazón se alejaba y no podía hacer nada para detenerlo. Ella dijo adiós con sus ojos, esos ojos que desde la primera vez que lo miraron lo volvieron incapaz de ir contra la voluntad de esa niña, su niña.
Esa mariposa que quería volar sola. Siempre fue así, hasta que un día lo logró. Quiso conocer las nubes por su cuenta, no que se las enseñaran, y así partió al vuelo, ese vuelo que aún no la traía de vuelta a casa. Los años pasaron y él siguió esperándola, siempre creyendo en que volvería, tal como ella lo había dicho al partir.
Recordó el momento. Beso en la mejilla, sonrisa mezclada con nerviosismo, un te quiero, un cuídate y una lágrima tratando de esconderse. Eso había sido todo, ¿o había más?, costaba saberlo, el paso del tiempo era cada vez más estricto con su memoria.
Empezaba a oscurecer y hoy otra vez no había sido el día; "quizás mañana" se dijo tratando de convencerse, tratando de convencer a la esperanza. Se paró y caminó fuera de la plaza. Quizás el próximo día de perfecto otoño le traería más suerte.
Tomó su abrigo, su bufanda, su bastón y el sombrero; caminó por el parque lentamente, nada le apuraba, podía pasarse el día completo en esto. Se sentó en una banca de la plaza y comenzó a observar a su alrededor. "Quizás hoy sí" pensó un momento, era su esperanza, que hoy sí, que hoy ella volvería.
Diez añós pasaban ya desde la última vez, esa vez en que sintió como un pedazo de su corazón se alejaba y no podía hacer nada para detenerlo. Ella dijo adiós con sus ojos, esos ojos que desde la primera vez que lo miraron lo volvieron incapaz de ir contra la voluntad de esa niña, su niña.
Esa mariposa que quería volar sola. Siempre fue así, hasta que un día lo logró. Quiso conocer las nubes por su cuenta, no que se las enseñaran, y así partió al vuelo, ese vuelo que aún no la traía de vuelta a casa. Los años pasaron y él siguió esperándola, siempre creyendo en que volvería, tal como ella lo había dicho al partir.
Recordó el momento. Beso en la mejilla, sonrisa mezclada con nerviosismo, un te quiero, un cuídate y una lágrima tratando de esconderse. Eso había sido todo, ¿o había más?, costaba saberlo, el paso del tiempo era cada vez más estricto con su memoria.
Empezaba a oscurecer y hoy otra vez no había sido el día; "quizás mañana" se dijo tratando de convencerse, tratando de convencer a la esperanza. Se paró y caminó fuera de la plaza. Quizás el próximo día de perfecto otoño le traería más suerte.
