Sonrisas de ayer
Me río sola.
Me encuentro contándole esas cosas que en realidad ya no importan, son solo recuerdos de esa niña tan lejana y dulce, que se impresionaba con todo, que creía en todo.
Hacía tiempo que no recordaba esas cosas, el patio y el tronquito en el que la Paulina, a quien para mi inexplicablemente la mamá le decía Poly (lo que además siempre asocie a los canarios de los monitos), me contaba de sus dramas amorosos. Porque obvio que ella tenía dramas con niños en segundo básico.
Los ensayos de una resbalosa que no recuerdo haber bailado, pero que todas tomábamos muy en serio, o la tonada que bailamos para Septiembre (El Tornado, que después más grande también alguna vez tuve que bailar, cantar o algo así en el colegio) y a la que me fue a ver mucha gente de mi familia. Los recreos doblando hojitas de palmera que robábamos del patio, en realidad la sacábamos a pesar de que nos decían que no porque cada recreo teníamos más pelada a la pobre palmera, que como estaba en el patio, era notoria.
O cuando la Heidi, la hermana de la Coni, había pisado un clavo, y con la Coni tratábamos de espiar desde afuera de la enfermería, a ver si estaba bien, porque nosotras imaginábamos que casi se le iba a caer el pie.
Cuando uno piensa en esa época, a estas alturas, quizás es mejor pensar en lo bueno, en lo que nos hace reír y preguntarnos dónde estarán todas esas niñas peinaditas, gritonas y locas, en qué adultas se habrán convertido; en lugar de indagar en explicaciones de lo dañados que estamos hoy, es mejor volver atrás y disfrutar, sonriendo como lo hacíamos ayer.
Me encuentro contándole esas cosas que en realidad ya no importan, son solo recuerdos de esa niña tan lejana y dulce, que se impresionaba con todo, que creía en todo.
Hacía tiempo que no recordaba esas cosas, el patio y el tronquito en el que la Paulina, a quien para mi inexplicablemente la mamá le decía Poly (lo que además siempre asocie a los canarios de los monitos), me contaba de sus dramas amorosos. Porque obvio que ella tenía dramas con niños en segundo básico.
Los ensayos de una resbalosa que no recuerdo haber bailado, pero que todas tomábamos muy en serio, o la tonada que bailamos para Septiembre (El Tornado, que después más grande también alguna vez tuve que bailar, cantar o algo así en el colegio) y a la que me fue a ver mucha gente de mi familia. Los recreos doblando hojitas de palmera que robábamos del patio, en realidad la sacábamos a pesar de que nos decían que no porque cada recreo teníamos más pelada a la pobre palmera, que como estaba en el patio, era notoria.
O cuando la Heidi, la hermana de la Coni, había pisado un clavo, y con la Coni tratábamos de espiar desde afuera de la enfermería, a ver si estaba bien, porque nosotras imaginábamos que casi se le iba a caer el pie.
Cuando uno piensa en esa época, a estas alturas, quizás es mejor pensar en lo bueno, en lo que nos hace reír y preguntarnos dónde estarán todas esas niñas peinaditas, gritonas y locas, en qué adultas se habrán convertido; en lugar de indagar en explicaciones de lo dañados que estamos hoy, es mejor volver atrás y disfrutar, sonriendo como lo hacíamos ayer.

1 Comments:
Los origenes del dramatismo: Segundo básico :).
By
Pipe, at 03 diciembre, 2010
Publicar un comentario
<< Home