¿Puedo jugar?
Cuando éramos pequeñitos esta era una de las preguntas que más seguido hacíamos, ya fuese en el recreo cuando salíamos a jugar o en la casa, cuando nos daban permiso para salir un rato y les decíamos a los que ya jugaban afuera:"¿puedo jugar?".Esta vez no me refiero a aquellos momentos de nuestra dulce o bien traumada infancia (depende del lector), sino que como ya es costumbre quiero citar un verso de una canción de Calamaro: "porque vivir es jugar, y yo quiero seguir jugando"...Hay una que otra ocasión en que preferimos quedarnos mirando el juego desde afuera, la última vez que entramos nos pegamos un porrazo lo suficientemente feo como para volver a la casa con los ojos mojados y una rodilla rota; se ve más seguro mirar al resto no más, la costra sigue como recordatorio de lo que puede suceder. El famoso temor se apodera de nosotros y gana frente a las ganas de entrar a jugar, preferimos no arriesgarnos a jugar. ¡Hay esta!, el tan conocido riesgo, suena lindo y audaz pero en la práctica preferimos hacerle el quite lo más posible, no nos gusta apostar cuando ya hemos perdido, no nos gusta correr cuando ya nos han empujado, cuando ya nos hemos lesionado y vuelto a casa lastimados.Pero no se puede ganar si no se apuesta, ¿cierto?, no podemos ganar un partido estando en el público...nadie jugará nuestro partido por nosotros, es nuestro por ende solo nos corresponde a nosotros jugarlo. Nunca deberíamos decir "¿puedo jugar?" en esta vida porque estamos obligados a jugar, el mismo hecho de preferir quedarnos fuera mirando como los demás juegan es una forma de jugar, extraña, pero lo es porque la vida sigue, aunque a veces no queramos que sea así, lo es, y va a seguir con nosotros o sin nosotros en el juego.Puede que nos tome un tiempo, claro, cada uno tiene sus propios tiempos, pero créanme que vale la pena seguir jugando, arriesgar un poquito para ver que pasa, volver a confiar aunque cueste un mundo, pero lentamente se va logrando. Si nos quedamos en el público por demasiado tiempo nos volvemos demasiado desconfiados del resto de los jugadores, la paranoia nos va ganando hasta no dar la oportunidad de jugar con nadie, terminamos en el partido, pero solos, sin nadie con quien celebrar los triunfos, nadie que preste el hombro en el momento de las derrotas.Vivir es jugar y siempre vamos a querer seguir jugando, solo tenemos que darnos la oportunidad de hacerlo.
Magia
No voy a explicar bajo que circunstancias ocurrió porque aunque en este momento no las recuerdo con exactitud, parece que fueron medio extrañas... el punto es que me he puesto a pensar acerca de la magia, lo que implica para mí.
La magia depende de cada uno, creo firmemente en que siempre existe, es cosa de que uno sepa verla a través de las cosas, las pequeñas cosas de la vida. Esas que ocurren casi por casualidad siempre estan llenas de una magia que si conservamos un dejo de inocencia, de capacidad de ser sorprendidos nos daremos cuenta como las cosas se pueden ver de mejor manera, no sé si disfrutarse más, pero si verse diferentes y ese mundo lleno de posibilidades podremos verlo con mayor claridad.
Conservar la capacidad para sorprenderse es una habilidad que cuesta mantener a través de los años, pero es una de las mejores cosas de la vida... ver en otra persona ojitos de sorpresa (de la buena, obviamente) siempre nos hará sonreír; identificar la magia que hay en este mundo depende de si nos damos la oportunidad de verla, no es difícil si en realidad queremos.
Hay muchas maneras distintas de magia, considero que estamos rodeados de magia en nuestro día a día, como dice una canción por ahí "magia es verte sonreír", esa es una personal, una que puede ser magia para nosotros pero algo de lo más común para el resto.
Insisto en que la gracia y la sorpresa se basan en las tan a veces menospreciadas casualidades, esas que nos pueden llevar a las mejores cosas, a ver la magia que nos rodea que quizás no sea en la que creíamos cuando pensábamos que el conejo de pascua era el que efectivamente escondía chocolates en el jardín, pero sí sea la que nos hace pararnos bajo la lluvia a observar como caen las gotitas, que hace que podamos ver las pequeñas cosas de la vida, como detenernos en la calle por unas hojas de otoño.
Dejar de saber...
Hace días que ando con la idea de escribir y aprovechar de paso cambiar un poco la línea editorial que ha tenido ultimamente este espacio...
Voy a tomar una idea que leí por ahí de alguien que probablemente no debe pasearse por aquí, pero da igual, la cuestión es la idea no de quien es.
"No quiero saber mas nada", era solo eso, y me enfrente a dejar un comentario acerca de esa simple oración que en realidad tiene más poder del que quizás su mismo dueño le ha otorgado, vinieron múltiples ideas a mi cabecita pero no pude transmitir ninguna a un comentario conciso y opté finalmente por borrar todas esas divagaciones y cambiar de página; y ahora frente a este espacio en blanco se me ocurrió vaciar todos aquellos pensamientos aquí...haber como sale en el camino...
Es cierto en realidad, ¡hay tantas veces en que nos gustaría no saber más nada!, va variando según el tema o situación acerca del que nos gustaría "dejar de saber", pero ocurre, unas veces más seguidas que otras; y creo que incluso es necesario, tomar distancia, alejarnos de las cosas para poder respirar aire puro, poder estirarnos y ver todo desde otro ángulo, así vemos las cosas con mayor claridad y las vemos en su verdadera dimensión.
Pero, ¿qué pasa cuando no podemos dejar de saber, cuando las condiciones no nos permiten salir a respirar?... también puede ocurrir...la desesperación nos comienza a ahogar, nos agobia y produce que dejar de saber se vuelva más necesario con cada segundo que va pasando. En ese caso, lamentablemente hay que encontrar la forma de alejarse, de salir a respirar porque es poco sano seguir en ese estado, en esa ansiedad que nos produce el deseo de dejar saber frente a la obligación de seguir sabiendo
Claro que es necesario no saber más nada pero como siempre tenemos que tener presente que la vida sigue a nuestro alrededor, el mundo no se detiene por que nosotros hayamos salido a tomar un descanso, un soplo de aire puro, que eventualmente tendremos que volver a saber, que hay que volver a entrar incluso cuando se vea aún más feo desde afuera y no queramos volver...es parte de la vida.
Aparentar es tan fácil... su único problema es que duele demasiado...