Mirando el cielo...

24 febrero, 2011

Adiós

La incertidumbre nos preocupa. Es una de esas sensaciones difíciles de explicar, pero que todos conocemos, y que a menos que tengamos certeza de que terminará bien, no nos agrada mucho.
Quizás es por eso que los adióses nos son tan problemáticos, porque querámoslo o no, implican una cierta incertidumbre. Por mucho que uno lo intente, no depende solo de uno el decirle adiós a alguien, depende de ese alguien, pero también de las circunstancias. No es como que yo haya querido que mi primer ex pololo entrara a estudiar a San Joaquín y tomará mi misma micro.
El adiós tiene esa incertidumbre del qué pensará el otro, del si alguna vez se volverán a ver, del qué hacer si eso sucede. Y creo que es de esa incertidumbre no tan buena, porque o sino no habría habido un adiós en primer lugar.
Cerati dice que decir adiós es crecer. Quizás tenga razón. Quizás no, quizás en algunos casos sea arrancar, sea una negación motora. Pero no siempre es así, y me niego a considerar que sea solo una o la otra, me niego a no pensar que a veces simplemente sea que el encuentro fue en la vuelta equivocada.
De todas formas, creo que el adiós no se hace más fácil con los años o la experiencia; puede que lo haga más fácil la interpretación que le entreguemos, pero al final del día, lo que más recordamos es que salió de nuestra boca ese adiós que costó tanto decir y no se puede borrar.

04 febrero, 2011

De un momento a otro, mi cabeza y mi cuerpo tomaron esa sensación de entre anestesia, ligereza y pesadez que entrega el alcohol. Me puse a pensar leseras, en cómo las lais mantenían su pelo desenredado, porque el mío es igual de liso pero se enreda harto, de puro caminar. En que no había ningún local con nombre de puerto, a pesar de que estábamos al frente del puerto. Y así y todo, por primera vez en una buena cantidad de días, no temí por el evento sísmico grado ocho.
Comprendí a cabalidad porqué la gente toma cuando está triste, en esa sensación de globo aerostático (asumiendo que así se sienten los globos aerostáticos, claro) es difícil sentirse mal, pero se siente venir la verborrea, y ahí entendí también porqué a la gente le da por hablar de sus penas cuando toma a causa de las mismas, y no hablan sobrios.
Prendí otro cigarro, este se sentía más divertido que los anteriores. Fumaba y exhalaba el humo hacia el cielo estrellado y poco frío a esas alturas de la Caipiroska, mientras de a poco empecé a darme cuenta que conocía la canción que tocaba la banda, esa misma que tenía un guitarrista que era como Nemo para tocar. Era Marc Anthony, y eso hizo más difícil no recordarlo.
Una piteada más, y escuchaba que valió la pena. Claro que sí, pero sería más choro sentirse mejor.