Hora de volver
Era un día gris, últimamente todos lo eran. No se sentía mal eso sí, a pesar de lo que se había enterado el día anterior, estaba con una sonrisa en los labios al entrar en esa mañana gris de un invierno cada vez más cerca. Hacía frío, el abrigo se sentía demasiado bien. Sacó el último. Era el último de los cigarros de la que había dicho públicamente era su última cajetilla; lo tomó, se quitó el guante y lo encendió. El calor pasó rápido por su garganta y en el siguiente basurero arrojó la cajetilla ahora vacía.
Su mano desnuda empezó a sentir el frío, siguió fumando y notó como el labial se quedaba en la colilla; escuchó su mp3 y se dió cuenta que la canción no podía haber sido más perfecta para el momento. Tenía razón, era tiempo ya de por enésima vez partir de nuevo, tenía todos los factores; había vuelto a hundirse en unos ojos que la miraban en medio de una conversación, había vuelto a decidir que las cosas cambiarían, había vuelto a sentirse como hace tanto no se sentía.
Ya solo quedaba una colilla en el suelo marcada con labial, el frío de la mañana, una sonrisa en los labios, siete minutos de retraso, catorce horas de día. Sí, era el momento perfecto para volver.
Su mano desnuda empezó a sentir el frío, siguió fumando y notó como el labial se quedaba en la colilla; escuchó su mp3 y se dió cuenta que la canción no podía haber sido más perfecta para el momento. Tenía razón, era tiempo ya de por enésima vez partir de nuevo, tenía todos los factores; había vuelto a hundirse en unos ojos que la miraban en medio de una conversación, había vuelto a decidir que las cosas cambiarían, había vuelto a sentirse como hace tanto no se sentía.
Ya solo quedaba una colilla en el suelo marcada con labial, el frío de la mañana, una sonrisa en los labios, siete minutos de retraso, catorce horas de día. Sí, era el momento perfecto para volver.
