Mirando el cielo...

28 diciembre, 2009

Reinas

Cuando éramos chicas, todas íbamos a ser reinas. Inevitablemente, era simplemente la ley de la vida, porque éramos princesas en nuestras casas, ergo, con el tiempo, seríamos reinas. ¿Cómo es que desde ahí llegamos a ser los desastres que somos hoy?
Muchas culpan a Disney, por vendernos el cuanto de hadas, yo culpo a las memas que no superaron la etapa o no aprendieron a distinguir fantasía de realidad, ya que claramente no deberían ir a ver películas de ficción o leer Cien años de Soledad.

Quizás sí seamos reinas, con o sin príncipe que nos haya rescatado, quizás lo somos en la medida en que aprendemos sobre la marcha; somos reinas cada vez que queriendo golpear a alguien, no lo hacemos, somos reinas cada vez que somos capaces de darnos la vuelta con la frente en alto, aunque sea para luego bajarla y llorar como si hubiésemos perdido el alma, somos reinas cada vez que le sonreímos a alguien y a través de esa sonrisa entregamos un poco de nosotras mismas. Porque aunque suene ególatra decirlo, si lo pensamos, somos parte importante de la vida de muchas personas, porque así como mis amigos son inmensa parte de mi, yo sé que soy parte de ellos, y eso es lo que permite la amistad a pesar de la distancia y el tiempo.

No existen los príncipes azules. Ni en ningún color. La gente no es perfecta y he ahí la gracia, dentro de la imperfección ver al otro lo más perfecto que puede ser; es tal como dice Pablo Milanés, solo porque se acerca a lo que soñamos, y por eso ya es perfecto. No podemos pedirle peras al olmo, porque el olmo tampoco nos pide peras a nosotras, hay que aprender a quererse para así querer de verdad, porque en el mundo real, no todos son altos y atléticos, contestan siempre el teléfono, tienen paciencia infinita ni pueden saber lo que nos pasa sin que tengamos que decírselos; vienen en todas formas, tamaños y colores, y hay que aprender a apreciar eso, porque hacen el esfuerzo. Además, no todas somos las hermanas perdidas de Megan Fox, y no por eso nos quieren menos, o por lo menos, no deberían, y si efectivamente nos quieren menos solo por eso, quizás no merecen que los queramos.

Todas somos reinas, pero hay que aprender a pasar de princesa a reina, hay que aprender a hacerse cargo de una misma, a meter la pata pero también a sacarla, porque una reina es independiente, aunque eso no quiere decir que no necesite a nadie, sino que puede hacer las cosas sola si es que tiene que hacerlo.

Si todas somos reinas, ellos a su forma, son todos príncipes, solo que hay que aprender a mirarlos, aunque a veces eso implique mirar no tanto con los ojos, porque es fácil engañarlos, sino con algo que sea más certero. Siempre hay margen de error, si no lo hubiera, no habría atractivo, pero eso no implica que se deje de ser reina o que los príncipes se acaben.; nunca se sabe cuando llegará un príncipe que por una se vuelva rey. Los finales felices existen, pero hay que trabajarlos, porque la vida real no es igual a la de los cuentos, pero algo de ellos tiene, solo hay que aprender a buscarlo.

13 diciembre, 2009

El punto débil

Todos tenemos un punto débil; algunos de nosotros incluso más que uno, y el que diga que no tiene ninguno, está diciendo una mentira más grande que el ego de ayudante malvado.
Ayer me dieron un golpe en uno de esos puntos. Fue de esas cosas que uno cree que son así, pero en el fondo, ahí donde solo somos capaces de decirnos la verdad a nosotros mismo, esperaba estar equivocada, pero... Sorpresa! no lo estaba.
De ahí en adelante es ese no saber qué decir, es como decía Sheldon hoy en el capítulo de The Big Bang Theory, completa desconexión entre la primitiva amígdala y la nuevecita neocorteza. Es esa sensación de golpe en el estómago que te deja vacío y sin atinar a nada.
Ese es el problema con los puntos débiles, como se les esconde, uno olvida que están, a veces en el proceso uno incluso llega a pensar que ya no están, yo pensé que ese ya había sido superado de hecho; hasta que alguien los pasa a llevar, y hasta ahí no más llegamos, el tema no era igual a cualquier otro, eso si nos importaba más de lo que pensábamos, y con eso, nos volvemos el niño que necesita al osito para sentirse mejor.

06 diciembre, 2009

Ganas

Creo que esta vez, para resguardar mi imagen, no declararé qué canción me hizo pensar en esto. Si usted se da cuenta, bien, si no, mejor aún. De cualquier forma, llegué a la idea de que las ganas son importantes en la vida, quizás más de lo que uno cree. Y no me refiero a las ganas en el sentido Sprite, sino que en el sentido de querer, de esas ganas que motivan a que uno haga las cosas; pero como todo lo importante, pueden ser problemáticas.

Porque hay veces en que las ganas son muchas, pero inevitablemente son irracionales. Como esas ganas de querer a alguien, incluso cuando sabemos sin ninguna duda que es tan mala idea como meter los dedos al enchufe; hay una voz en nuestra cabeza que nos dice "no lo hagas, no deberías, te vas a arrepentir, tal como la última vez". Pero es como si eso no nos detuviera, o lo hiciera por solo un momento, porque de pronto volvemos a empezar, seguimos las ganas y nos volvemos sordos a la racionalidad, porque es algo que simplemente, no se nos quita de las ganas.
O tenemos las ganas, pero no es suficiente, como Calamaro dice por ahí: yo quería quererla querer, y ella no. Quizás ella se dió cuenta que el querer querer era necesario, mas no suficiente, el tener ganas de querer no es tan bueno como efectivamente solo querer. Eso nos lleva a otra parte, puesto que las ganas de sentir, tienen que ir de la mano del sentimiento para que tengan sentido. Finalmente, solo con buenas intenciones no se logran buenas obras.

Pero qué se hace cuando ya no hay ganas? cuando como escuche en esa canción ya no hay ganas de seguir sintiendo, cuando el cansancio nos está dando vuelta y ya no hay energía para tener más ganas; cuando por fin bajamos los brazos y no quedo nada de nada, ni las ganas de hablar a puerta cerrada. Que musical que me puse para este tema. Significa que no hay más que efectivamente rendirnos? porque sin las ganas, no podemos seguir levantándonos en las mañanas, porque la verdad es que no queremos hacerlo; si querer es poder, sin ganas ya no tenemos ningún poder.

Porque las ganas son importantes, tanto su presencia como su ausencia indican algo. Porque si están, es por algo, no podemos hacernos los locos con ellas, si las ganas dicen que en realidad lo que me llena es la carrera de al lado, debería quizás prestarles más atención; siempre he pensado que si cuando estás con tu pololo, tienes ganas de compartir ese tiempo con alguien más, es un tema que no se puede pasar por alto. Ya que uno se da cuenta de esas cosas, uno nota cuando alguien no tiene tantas ganas de conversar contigo, de solo estar contigo, y eso hace daño, incluso más del que a veces dimensionamos.