Mirando el cielo...

12 septiembre, 2009

Para variar, todo parte con una canción. Esta vez es una de The Fray, no especificaré como llegué a esa banda, digamos que eso dio para una entrada hace alrededor de un año... pero bueno, parte diciendo "there are certain people that you keep coming back to", y es cierto.
Hay gente en la vida a la que siempre se vuelve, aunque no se quiera, o no habrían tantas canciones acerca de eso. El punto es por un lado qué es lo que nos hace volver, a pesar de decir que no queremos, y en qué momento, si es que sucede, ese no, se vuelve real y se traspasa a nuestras acciones.


A veces el alejarse de alguien a quien se quiere es necesario, quizás nos hacia mal seguir ahí, quizás necesitábamos conocer algo más allá o quizás simple y llanamente, ya no nos querían ahí, porque que no te quieran no hace que tu dejes de querer, eso lo sabe cualquiera a quien le hayan dicho que no. Pero uno vuelve, no siempre, pero si muchas veces... en ocasiones, demasiadas veces.
Quizás volver a esa persona nos resulta seguro, después de todo es algo conocido, algo que suena tan bien cuando se teme a lo desconocido y eso nos hace sentir más solos aún; con esa persona ya sabemos a lo que vamos, ya sabemos leer no solo sus palabras, sino que también sus gestos y miradas, y eso nos hace sentir más cómodos que con alguien a quien hay que empezar a conocer lentamente, esa etapa que es más cansadora, y que implica un trabajo que no siempre estamos seguros de querer hacer.


¿El problema? olvidamos que por algo esa persona no es una constante y eventualmente despertamos -o nos hacen despertar- de ese pseudo sueño y volvemos al mundo real, ese en el que no nos hace bien seguir ahí, en el que buscar lo conocido nos detiene, y peor que eso, nos hace daño. Tratar de buscar la ilusión y el amor que alguna vez fue incondicional solo lleva a ver que se ha perdido, que el tiempo, tal como dicen por ahí, no hace amigos y no queda nada más que las ganas, las que en algún momento, se enfrían.

Pero, para esperanza de todos, de poder salir del círculo vicioso, se puede, pero es difícil. Es tanto más fácil culpar a esa persona de que las cosas no nos resulten o de que no podamos salir adelante, pero en el fondo, en ese fondo que nos carga ver porque nos dice la verdad que no queremos enfrentar, sabemos que nosotros somos los memos que volvemos, pudiendo decir no. Y en pos del amor propio, ese que está tan golpeado a estas alturas del juego, resucita, algo ocurre que lo revive y nos hace abrir los ojos al daño que nos estamos haciendo, a todo lo que estamos dejando pasar en la vida por seguir ahí, disponible como siempre, rogando como siempre.
De alguna manera, nos resistimos, como tantas otras veces, pero esta vez es diferente, porque o hay algo que nos hace resistir más o por una vez, hacemos que la cabeza sea más fuerte y no nos dejamos arrastrar por la corriente. Y así, de pronto, nos volvimos más sanos y más fuertes, porque esta vez, pusimos decir que no.