Mirando el cielo...

09 octubre, 2009

El viejecillo de la ventana

Pasó hace un par de semanas. Otra vez había un papel blanco en la reja de mi vecina avisando que otro viejecillo del barrio había pasado al otro lado; usualmente los leo para saber la dirección y así reconocer quienes eran, porque nunca me sé sus nombres. Pero esta vez se notó solo al pasar por fuera de su casa, que ese día estaba llena pero silenciosa.
Era el viejecillo del principio de la calle, ese que siempre miraba por la ventana en invierno y a veces se paraba en la puerta en el verano. No me di cuenta que lo iba a extrañar.
Soy miedosa para algunas cosas y una de ellas, es llegar tarde a mi casa, no tanto por el camino sino por la caminada desde el paradero a mi casa. Acá no hay mucha gente en la calle después de las nueve, pero cada vez que llegaba tarde y caminaba lo más rápido que podía hacia mi casa, siempre estaba el caballero mirando por su ventana y me veía pasar, por ridículo que suene, me daba confianza al pensar que si algo me pasaba dos metros más allá, por lo menos él vio que pasé o escucho algo raro después de que yo había pasado. De cierta forma daba la ilusión de que la calle no estaba tan sola.
Hace días que paso por ahí y ya nadie me mira a través del cristal. Ayer vi a quien presumo es ahora su viuda, una señora pequeñita y flaca, de esas viejecillas que da la impresión que con un poco de viento se caen, y me lo recordó. Me recordó que echo de menos al viejecillo de la ventana.