Mirando el cielo...

18 febrero, 2008

No lo quedó más que sonreír, ya era demasiado tarde como para decir cualquier cosa que no fuera "felicitaciones". Se había perdido por un segundo, y ese segundo bastó para que otra captara su atención con más poder del que ella nunca pudo. Ser amigos es mejor que nada, cierto?, se repetía en su mente una y otra vez, y así quizás por reiteración se autoconvencía de que no era tan malo y de que quizás con él solo había confundido las cosas y a la larga se daría cuenta de que las cosas son mejores así. Pero a la larga no llegaba tan luego como ella quería y sabía que el iluso sueño de que él algún día mágicamente despertaría y se daría cuenta de que ella era la mujer de su vida era un esperanza solo comparable con el ratón de los dientes de un niño de 6 años.
Mientras antes mejor, y ya era hora, lo mejor era acabar con esto, guardar las lágrimas para otra ocasión, una en que en verdad fuera a sentirse mejor si lloraba, no como ahora en que no haría ninguna diferencia; y seguir con la vida, era la única forma en que alguna vez volvería a sonreírle y felicitarle a él con la honestidad de una amiga que solo busca su amistad, no con ese secreto destello de la esperanza que no quiere morir que hoy estaba tan vivo en sus ojos.