Mirando el cielo...

27 julio, 2007

Romance imposible

Era una de esas tardes que parecen marcar más el inicio del otoño que el final del verano, pues el sol se volvía cada vez más tímido frente a la brisa fría que comenzaba a soplar por entre las hojas que aún se mantenían en sus ramas.
La encontró sin saber que la buscaba por decirlo de alguna manera, en realidad en ese momento sus pensamientos eran gastados por alguien que no los gastaba en él, sino que en otro que era tan diferente a él que hacía que las cosas se volvieran aún más difíciles de convertir. Esa tarde buscaba ayuda en un tema puntual, pero en el momento en que ella le habló por primera vez sintió que algo había cambiado, algo que hacía mucho no se movía, se había movido. Podrían haber hablado por horas de tantas cosas interesantes, seguir hundiéndose en sus ojos por la vida entera. Incluso fue como si ella también lo hubiera sentido por unos segundos, al principio, cuando sus miradas se cruzaron por primera vez y supieron que se podrían querer tanto, ella supo que no podía, su corazón la esperaba de vuelta en casa, esperando a hablarle por horas y añorando a cada minuto que pasaba, sus ojos.
Ahí fue cuando lo supo, acababa de encontrar todo lo que quería en la vida, todo lo que no habría podido poner nunca en palabras e incluso las cosas que no sabía que soñaba, todo eso estaba frente a él mirandolo con esos ojos de niña curiosa que ahora nunca olvidaría. Estaba ahí y sabía que no podría alcanzarlos, por mucho que lo deseara, podría pasar mucho tiempo hasta que sus labios por fin se unieran.
Quizás en otra vida, quizás unos años antes, podía pensar en tantas opciones que harían que todo esto fuese distinto, pero ninguna iba a hacer que el presente cambiara tan súbita y sorpresivamente. Simplemente eran así las cosas.
En un segundo sintieron cuanto podrían quererse, bastaron unos minutos para sentir que no podían, pero meses para comenzar a sonreírse sin temblar.