El escorpión
El sonido de sus zapatos contra el asfalto de la calle era lo único que se escuchaba a esa hora, era tarde, por algo estaba tan oscuro ya. No se sentía mal, había esperado mucho tiempo para poder hacerlo, lo había repasado una y otra vez en su cabeza hasta que cuando las palabras por fin salieron ya sonaban cansadas y rutinarias, casi sin sentimiento de por medio, solo racionales, como debían ser y como se habían vuelto.
Fue un trámite nada más y no había que darle más importancia que eso, un trámite de 1 hora para acabar con lo que duró 10 años. Nunca se había visto casado y lo sabía desde el principio, también sabía que no estaba dispuesto a sacrificarse demasiado, así que cuando cayó en la tentación no se sorprendió y de hecho se convenció de que estaba en su naturaleza, como en el cuento del escorpión. De esta forma no le había importado caer una y otra vez en lo mismo, sin sentir ni la más mínima culpabilidad.
Solo se sintió mal cuando ella lo miró y de esa forma, esa en que supo sin que le dijeran que esto había terminado, que no había forma de repararlo y simplemente el amor se había acabado. No lo vió venir, aunque él hacía mucho ya no la quería, siempre asumió que ella lo extrañaría y lloraría por cada noche que no llegaba a dormir. No fue así y ahora que lo pensaba, ahora que caminaba en la calle oscura era mejor, podían ambos seguir con sus vidas como si nunca se hubieran cruzado en esta vida, como si esos 10 años no hubieran pasado. No era tan malo como parecía, no era como si su forma de ser fuera a cambiar, en realidad no creaba ninguna diferencia ante lo que era y lo que es. Sabía que no iba a cambiar y tampoco quería hacerlo.
El perro de la casa por la que pasaba le ladró y pensó: quizás ahora la secretaria deje de evitarme.
Fue un trámite nada más y no había que darle más importancia que eso, un trámite de 1 hora para acabar con lo que duró 10 años. Nunca se había visto casado y lo sabía desde el principio, también sabía que no estaba dispuesto a sacrificarse demasiado, así que cuando cayó en la tentación no se sorprendió y de hecho se convenció de que estaba en su naturaleza, como en el cuento del escorpión. De esta forma no le había importado caer una y otra vez en lo mismo, sin sentir ni la más mínima culpabilidad.
Solo se sintió mal cuando ella lo miró y de esa forma, esa en que supo sin que le dijeran que esto había terminado, que no había forma de repararlo y simplemente el amor se había acabado. No lo vió venir, aunque él hacía mucho ya no la quería, siempre asumió que ella lo extrañaría y lloraría por cada noche que no llegaba a dormir. No fue así y ahora que lo pensaba, ahora que caminaba en la calle oscura era mejor, podían ambos seguir con sus vidas como si nunca se hubieran cruzado en esta vida, como si esos 10 años no hubieran pasado. No era tan malo como parecía, no era como si su forma de ser fuera a cambiar, en realidad no creaba ninguna diferencia ante lo que era y lo que es. Sabía que no iba a cambiar y tampoco quería hacerlo.
El perro de la casa por la que pasaba le ladró y pensó: quizás ahora la secretaria deje de evitarme.

1 Comments:
me caí como la caca
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Anónimo, at 02 agosto, 2007
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